A los niños hay que dejarlos
que crezcan desde sus raíces,
dejar que nos besen porque
sus besos son frescos,
francos, exentos de maldades,
Nos transportan al origen y
nos hacen renacer de nuestras
propias ascuas.
Los besos de los niños
nos liberan de deudas,
besan como las estrellas
Dándote su luz seas quien seas.
Descendientes del mar,
mi unicornio y yo
no somos tan distintos,
su bucle espiral
es como un serpentín
que transciende de mi
y se alarga sin mas,
como raudo delfín
en paisajes extintos.
Amanecen dos picos
libando en Connemara.
La flor del paraíso
donde un día te amara

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