Sostengo en mis manos el infinito.
El olor a ausencia.
La nieve de unos ojos.
La triste certeza de que nada es eterno.
Mira...
Son viñedos mis dedos,
telas de telaraña son mis ojos.
Precisamente ahora, transito a media luz
buscando las voces en el viento,
buscando las voces en el viento,
el sol crepuscular que como un abrazo
me susurra al oído:
-Esta basta luna es una cueva donde escondernos y
jugar con la venda para nunca encontrarnos -
Descanso
Se me borra el aire cuando me falta,
me siento como un pez en la orilla
con el único oxígeno de una ola que gotea
y traspasa mis branquias
y traspasa mis branquias
antes de que se cierre la onda del ahogo,
y ya en tierra firme, aleteo la arena para escribir
un mensaje que llora amargo,
porqué ni siquiera una botella
podrá guardar el último estertor antes
de que me cubra la sal ,
de que me cubra la sal ,
enterrándome bajo su abandono .
Miro los pájaros hasta que desaparecen
y entonces observo
el hermoso y limpio espacio que dejan tras de si.
Hay una especie de solemnidad
cuando nos miramos,
una liturgia en los labios,
un ritual de gestos antes de pronunciarnos.
Sabernos acreedores del sabor del té,
paladeando tan solo su fragancia.
Como una misa.
Una magna liturgia.
No bebes el vino pero saboreas la cosecha...
L
(de: Tiempos de Baco)

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